miércoles, 17 de junio de 2026

La vuelta al mundo en 195 poemas (3): Freedom Nyamubaya

Introducción


Ahora que he bajado mi arma
Por casi obvias razones
El enemigo aún está aquí invisible
Ahora el cañón de mi arma no tiene un objetivo preciso
Deja que mi mano trabaje
Que mi boca cante
Que mi lápiz escriba
Sobre las mismas cosas a las que apuntó mi bala.


Freedom Nyamubaya, Zimbabue, 1985




lunes, 15 de junio de 2026

La vuelta al mundo en 195 poemas (2): José Craveirinha

Imprecación


¡Si me quieres oír,
ven a mi casa de cañas!
Si me quieres conocer,
no me busques donde la música sofisticada
ahoga la voz de los hombres,
ni donde el humo de los cigarros finos
enturbia el aire de los salones.
Búscame allí donde la vida hierve,
en las minas de carbón,
en las plantaciones de caña,
en los puertos donde los barcos cargan
el sudor de mi pueblo.
Pero pon en las manos de África el pan que te sobra
y del hambre de Mozambique te daré los restos de tu gula
y verás cómo también te llena la nada que te restituyo
de mis banquetes de sobras.
¡Que para mí todo el pan que me das es todo
lo que tú desechas, Europa!
Ven a mi casa de cañas,
escucha el latido de la tierra
y el grito que nace de mis entrañas.
¡Ahí me encontrarás!

José Craveirinha, Mozambique, 1964





jueves, 11 de junio de 2026

La vuelta al mundo en 195 poemas (1): Esther Razanadrasoa

Bajo la luna


Bajo la luna blanca que resplandece,
pequeños pájaros se sacuden y cantan;
son felices mientras algo los engaña:
la luz del día ya no existe.
¡Cómo pierden el juicio a medida que avanza la noche!
Esforzándose por rivalizar en belleza,
no ven las tinieblas que se entrelazan,
ni la partida del día, su único auditorio posible.
Al sol, que ya se ha hundido, elevan himnos.
Aman e invocan la mañana rosada...
Sin embargo, sólo están allí las manos de la sombra,
porque las de la luz ya han sido mutiladas.


Esther Razanadrasoa (Anja-Z), Madagascar, 1932





lunes, 1 de diciembre de 2025

«Pactar una tregua con la luz» - diez poemas de Ricardo Pochtar

 


HIPNOMAQUIA

Cada noche los sueños intentar derrotar al 
mundo. Cuando amanece, la gracia diurna, 
en su infinita ternura, le lava las heridas. 



RESQUEMOR DEL POEMA

Lo que cuesta convencerlo de que puede
salir a respirar, de que ahora mismo el mundo
está mirando hacia otro lado. 


EXTRAÑAMIENTO

Un ardid contra la inercia del lector que
acaba volviéndose contra la inercia del
poeta.


EPITAFIO

Vayan sabiendo que el mundo
no resiste una segunda lectura.

NADA DE POÉTICA

El metapoema a lo único que aspira es a demorar la
extinción entrópica del poema: lastrarlo, compensar
a la brava su menguada ontología.

TAO DEL CUIDADO

    No el camino, ni la meta: lo único importante a estas
alturas sería saber hacia dónde hay que mirar en cada
esquina.


ESTO NO ES NADA

Hasta ahora solo hemos quitado adverbios y adjetivos: ya 
verán cuando empecemos a arrancarles los nombres a las
cosas.


DESLUMBRAMIENTO 

Cuando el laberinto es transparente, más que encontrar
la salida, el que corre lo que busca es pactar una tregua 
con la luz.

***

Las palabras que se han frotado con los sueños tienen
rodillas más firmes, son potrillos que acaban de nacer
y echan a andar.


ESTALLIDO

El poema es una revolución instantánea. Su tiempo
no rinde cuentas. Su sombra en el papel es cenital.




" “Donde buscamos el mundo” es, finalmente, una llamada de alerta al hombre dormido. Si en el primer poema del libro, “Hipnomaquia”, Pochtar apuesta por el día (“cada noche los sueños intentan derrotar al/ mundo. Cuando amanece, la gracia diurna, / en su infinita ternura, le lava las heridas”), en “Hipnosis solipsista” nos advierte de las consecuencias del sueño (“cuando por fin nos despertamos del sueño solipsista,/ el mundo y yo ya éramos dos perfectos desconocidos”). Mundo, poesía y yo parecen personificarse en las figuras de una atracción de feria, donde las armaduras suplantan a sus respectivos seres: de donde la poesía no es la poesía esperable, ni los homínidos son necesariamente hombres, ni el pensamiento es lo que bulle en el seno de una mente dislocada: porque no sabemos ni qué mundo buscamos ni si hay mundo particular en que buscar al mundo interpretado que nos han legado. ¿Será por eso que Ricardo Pochtar no deja de interpretar?".

Puedes leer la reseña completa aquí


Jorge Rodríguez Hidalgo

viernes, 25 de julio de 2025

«El poema» -un videopoema de Mohsen Emadi






El poema

I

Las palabras son el cementerio de las cosas.
El trote de un caballo en estas líneas
es un sonido que no oía desde mi infancia.
Durante mi adolescencia tu risa se marchitó.
Escribo
como si peregrinara a la ciudad de los muertos.
Si el tiempo pudiera dar marcha atrás,
los murmullos de mi padre resonarían
en los oídos de este texto, el sonido de una bala
estorbaría el sueño de estas líneas
y un poema de crin salvaje marcaría el paso
en una habitación cerrada durante años.
Las palabras se han colocado a lo largo de las descoloridas líneas de una casa:
aquí está la ventana,
más allá de la ventana, un patio. Nadie sabe
qué pesadilla despierta el poema. Ve
a veces, en la ventana, la mirada de la novia del vecino,
a veces el columpio y la bicicleta,
o el muro con sus dibujos inocuos.
Los contempla
hasta que cobran vida.
Sólo entonces, inhalando y exhalando cosas vivas
vuelve a dormirse.

II

Hace años que los murmullos de mi padre
se perdieron en el texto del sueño
y el poema encendió tres mil velas,
modeló tres mil barcos de papel
y los ofreció todos al mar.
Ahora que ya he hecho las maletas
y espero el primer tren
que no me devolverá a este lugar,
el poema monta en bicicleta;
temblando y con precipitación
pedalea sobre baches y charcos,
toca el timbre de una puerta,
contempla los susurros y los sollozos
temiendo que le oigan.
Pero los susurros suenan tan alto
que es imposible oír el pitido de un tren.
Estoy todavía en la estación
y el poema en Khavaran
protege a los muertos de estos años pasados
de la mirada de los guardias.

III

Hace un año
el poema se coló por una alambrada
donde los soldados patrullaban por las colinas de tu pecho,
robó tus labios,
tus manos;
y te recreó pieza a pieza.
Este año, los soldados apenas vigilaban:
tu cuerpo robado ya hace tiempo.
En la estación
mi banco lo ocupa un muerto
cuyo nombre el poema desconoce.
(tampoco aprendería el tuyo.)
Balas y sangre caliente
encuentran su camino en estas líneas—
no hay papel que pueda detener este desangrarse.
La estación está repleta de pasajeros que están muertos.
Los pelotones de ejecución
y las sogas
no esperan ningún tren.
A regañadientes, los enterradores
tocan los timbres de tres mil casas.
Tres mil bicicletas abandonadas
están esparcidas por los callejones.

IV

El poema no está parado ante un pelotón de ejecución.
Tampoco el pelotón de ejecución,
en el poema, sabe hacia dónde tiene que apuntar.
Ellos sólo han subido el precio de los servicios básicos,
el alquiler, y los gastos del entierro.
No puedo comprar cigarrillos para tres mil muertos
pero puedo devolverles la vida.
No quiero que el poema
los devuelva a un cementerio
que ha dejado de existir,
sólo quiero recordar
que todas las bicicletas abandonadas se han estropeado ya,
que nadie volverá nunca a escuchar el sonido de sus timbres.
Los muertos se quedarán en la estación
y si el poema puede asegurar un billete para cada lector
se lo enviará en el primer tren de ida.
En mi país
es normal tres mil muertos en una estación.
Tres mil muertos en un tren es normal.

V

En las estaciones de frontera
ellos arrestan nuestras lenguas.
Nuestras palabras se estropean cuando cruzan esa línea.
Yo me suelto de tus manos fuera de la estación,
el pitido del tren apresura mis palabras.
Las palabras han ocupado todas las cabinas,
tienen tres mil pesadillas.
Mis palabras son jóvenes,
apenas tienen treinta años,
pero se han ido acumulando
capa a capa
bajo este uniforme de preso.
El amarillo no fue el color de mis zapatos del colegio,
tampoco era rojo el color de mi hucha
ni azul el color de mi primera bicicleta.
Las palabras han crecido con los colores de tu uniforme;
eran una manada de caballos huyendo
un arco iris que tú arrancarías
y enviarías con una larga curva por los aires
haciéndolo caer en la suciedad y el barro,
en las esposas, en la oscuridad y en la orden de disparo.

VI

No estoy en esta larga fila esperando pan y leche.
Estoy aquí para entregar mi lengua
Todo lo que atraviesa la frontera pierde peso.
Estoy aquí para ser traducido.
Una bicicleta recorre mis fronteras
por baches y charcos.
El poema tiene en cuenta conjunciones y preposiciones,
la distancia entre yo y yo,
mi a-ante-cabe-con-contra mi.
Llueve
sobre conjunciones y preposiciones,
sobre las relaciones.
En la lluvia
la distancia entre nosotros se amplía,
y a esta distancia, Khavaran se va ensanchando.

VII

En mi lengua
cada vez que nos callamos de repente,
nace un policía.
En mi lengua,
detrás de cada bicicleta asustada
se sientan tres mil palabras muertas.
En mi lengua
la gente murmura confesiones,
va vestida de susurros negros,
se la entierra
en silencio.
Mi lengua es silencio.

¿Quién traducirá mi silencio?

¿Cómo voy a cruzar esta frontera?

 

Traducción de Clara Janés. 


*Khavaran es una localidad al sudeste de Teherán, fue un cementerio Bahai usado para enterrar a los prisioneros de conciencia asesinados en la ejecución en masa de 1988. Fue demolido por el gobierno iraní en enero de 2009.